7 de septiembre de 2010

Se me pasó el agua...


El calorcito está llegando y los sweaters se están yendo. En un ataque de ansiedad por hacer espacio donde meter lo más voluminoso de mi placard, aparecieron unas láminas de mis primeros años de facultad que me es imposible ver en la basura. Llamó mi atención la única lámina que está prolijamente embolsada. Teníamos que dibujar un elemento metálico en lápiz negro. Perdí una semana en encontrar esa cosa que tendría que analizar minuciosamente con ojo quirúrgico y mano de artista. La primera clase después del encargo fui sin absolutamente nada a ver qué ideas se les habían caído a los otros: tornillos, bulones, pistolas y herramientas eran los más elegidos. Me fui a casa con cero inspiración y sentada ya de vuelta de cara a la hoja en blanco, la vi. Estuvo toda esa semana enfrente mío y ni de reojo la había mirado. 
Quienes la conocen, me la envidian, como yo a mi abuela antes que me la regale. Vino desde Inglaterra en barco en plena posguerra y hoy calienta el agua de la bebida más argentina, cosas del destino. Cómo amo a mi pava!!! Si no la hubiese heredado, todavía no sé qué hubiera dibujado. Extraña relación esta de la cebadora, la pava, el mate, la bombilla, la yerba y el termo. Que nadie me toque ninguna de estas cosas, porque se arma el tole tole. El ritual del mate incluye mucho más que la tan famosa y extraña hermandad entre quienes lo toman de la misma bombilla, hay también una relación de la que nadie habla y es la que existe entre el cebador y sus elementos y que será proporcional al amor que le tenga a la bebida. Ese sexteto amoroso entre todos sus componentes es el leit motiv de tomar mate solos, si no amás tu mate, seguramente terminarás tomando un Nesquik a la hora del té solitario.


Tengo una colección de mates traídos de los cuatro vientos, porongos, pezuñas que dan asco a todos menos a mi, astas, de madera forrados con metal, pampeanos y demás inclasificables, pero lo que más orgullo me da de mi equipo matero, que incluye dos materas divinas, es mi pava heredada. La mano solita la saca de la canilla cuando alcanza la cantidad exacta necesaria para cargar el termo. Nada de esos ruidos extraños para avisarme que ya alcanzó la temperatura ideal, apenas un leve sonido que solo escuchamos quienes la conocemos. Toda una vida juntas, haciéndome el aguante en esas noches de entregas y esas tardes de charla. 
Que sirva este blog de testamento, solo la heredará quien la ame como yo, los demás deberán conformarse con una copia de mi dibujo de primer año. Tanta cháchara que se me pasó el agua...