28 de enero de 2010

Tierra tomada


Hace unos diez años vino el hermano de mi amiga Luz a pasar unos días en Buenos Aires desde San Antonio de Areco y uno de esos días lo saqué a pasear, ya ni me acuerdo a dónde, pero lo que si recuerdo de ese entonces pequeño paisano, fue una frase que lanzó a viva voz al ver en el subte a un compatriota de ojos rasgados: "¡¡¡Hay un chino!!!" Su sorpresa fue inmensa, y en ese momento entendí que la globalización que se vive en esta ciudad no tiene la misma velocidad que en nuestra verdadera Argentina. Pero 10 años después, viví esa misma sorpresa cuando los chinos llegaron al super de Coronel Vidal, un pueblo bien chacarero sobre la ruta 2 a donde hacemos las compras cada vez que vamos al campo. La globalización ahí es lenta, pero llega.
Buenos Aires hoy es tan oriental como europea. Hasta el más gaucho tiene en su haber más de un "Made in China", y tiene su lógica, son mayoría. Hasta tienen barrio propio en esta inmensa ciudad. Belgrano tiene su arco como toda gran metrópoli, en Arribeños y Juramento. El paseo es ideal para un día de semana, aunque soportar la multitud los sábados y domingos tiene también sus beneficios, muchos locales sacan mesas a la calle ofreciendo comidas de lo más extrañas para nuestros ojos curiosos y vetadas para paladares cerrados.
Es imposible volver del Barrio Chino sin nada. Te vas convencido que sin un gato de la fortuna tus finanzas se harán humo y que sin sahumerios específicos las solteras jamás volverán a noviar. Mejor es prevenir que curar, así es que hasta el más agnóstico, por si las moscas, visita algunos negocios de Feng Shui y se lleva, luego de una muy escueta introducción por parte del vendedor a esta milenaria práctica, monedas y llamadores de ángeles para sacar la mala energía de donde se haya instalado.
Ayer, con mi amiga Sol, vaciamos Casa China, un mini supermercado sobre Arribeños que te transporta. Todo está en chino, y tiene todo lo necesario para quienes se inician en esta cultura que llegó para quedarse. La tentación es mucha, cosas jamás vistas por estos pagos piden a gritos entrar en tu bolsa, y bueh... qué le voy a hacer, terminaron en mi casa nomás. Hoy hay comida, postre, galletitas y jugos chinos para toda la familia.
Cuando Agentina abrió sus puertas para la inmigración a fines del 1800, se olvidó de incluir a todos los países extraeuropeos. Podría decirse que de ahí viene el orígen de nuestro triste rechazo a todo aquel inmigrante asiático, africano o incluso americano, pero si al fomentar la inmigración solo se benefició a los europeos a llegar aquí, es obvio que ya en ese momento existía cierta actitud racista para con los demás. Podría ser por el propio origen europeo de quienes tomaron tales medidas. Pero eso pasó en el siglo XIX, estamos en el 2010 y ya es hora de hacernos cargo de lo que otras comunidades generan en cada uno. Por mi lado, amo la diversidad de culturas, y es una linda forma de egocentrismo, yo me hago mejor persona tomando lo mejor de cada uno. Así que argentinos, los invito a disfrutar de todo lo distinto a lo que estamos acostumbrados. Empiecen por el Barrio Chino, es una buena forma de sentir un poco lo que sintió esta gente cuando llegó acá, otra lengua, otras letras, otros rasgos, y aún así, salieron adelante.

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