4 de noviembre de 2009

Aroma a pinos


Las calles con nombres que abarcan toda la fauna marina reciben año tras año a miles de chicos que se toman sus primeras vacaciones sin órdenes familiares. Y también recibe a familias ya formadas, donde los padres encuentran en la playa su mejor aliado para descansar.
Hace años que pasamos unos días de enero en esta ciudad llena de árboles y calles arenosas, lejos del ruido del centro y cerca del mar. El día no empieza hasta que cada uno haya probado y calificado las medialunas de La Jirafa (siempre se llevan un 10) Luego, playa y sandwichs, las Stellas llenan nuestras heladeras y la música y baile de Carlinho en Mama Concert´s acompaña las tardes calurosas. Invadimos el spa una vez por día, sauna, ducha escocesa, finlandesa y jacuzzi son nuestra agobiante rutina.



Cuando el sol se quiere ir, solo lo despedimos y salimos corriendo al Freddo de Ilíada y Olimpo rodeados de verde o a Tante en el centro, donde siempre pido un plato lleno de cosas dulces que ansío todo el año. La noche es más linda en casa, bajo los árboles y una buena parrilla, pero siempre nos tentamos con algunas rabas o paellas del Viejo Lobo, Il Garda o La Gamba, es inevitable. El ambiente es de fiesta, todos los vecinos están en la misma, la única preocupación es cómo prender el fuego. Cuando el sol y la playa no nos dejan de cama, el casino del Hotel del Bosque o el Cine Bahía son nuestras salidas veraniegas. La lluvia a veces aparece, como en todos lados, y es gracioso ver cómo los grandes salimos corriendo y los chicos se adueñan de la playa, pero quedarse y ver cómo los colores del mar se van transformando, es un regalo para la vista.
De chica nunca íbamos de vacaciones al mismo lugar, esta costumbre empezó de grande, y la verdad... me encanta reencontrarme una vez por año con esos sabores, olores y calles pinamarenses. Cada vez falta menos, y ya se me hace agua la boca de pensar en esas paellas!!!


1 comentario:

AlmaBaires dijo...

Pinamar... hace años que no voy! Cuando estaba de novia ibamos con el triciclón de mi cuñado hasta las playas de "La Frontera", en diciembre eramos el mar y nosotros... qué buenos recuedos! Y pensar que el padrino de mi marido es la persona que metió el tronco inmenso en la entrada con el cartel que dice Pinamar...