26 de noviembre de 2009

Tiene payé


Que Corrientes tiene payé lo escucho desde mis 6 meses de vida, cuando pisé por primera vez el litoral. Payé es encantamiento en guaraní, y el dicho popular es determinante, Corrientes atrapa a todo aquel que pisa su suelo y por más lejos que se encuentre siempre sufrirá de añoranzas por esta tierra, y juro que es cierto. Algo tiene que hace que siempre quiera ir para allá y sentarme horas y horas frente al Paraná, solo para mirarlo tomando unos mates.
En su capital, las Santa Rita, palmeras y lapachos llenan las calles y patios, hay tanto sol, que lo que plantes a los dos días ya creció y dió frutos, un placer para los amantes de la jardinería y de la sombra. Eso sí, a la hora de la siesta, a dormir o te lleva el Pombero, la mejor de las leyendas inventada por padres sabios que con 40° de calor no tenían fuerzas para cuidar a ningún chico que quisiera salir a jugar.
Las veces que fui con amigas no hubo forma de sacarlas de la pileta del Hotel de Turismo, el más tradicional y mejor ubicado de la ciudad. Si bien está en un triste estado, sigue siendo mi preferido, nada de internet ni cosas raras, pero su pileta y la terraza mirando la Costanera, no tienen comparación. Además está pegadito al Casino, así que si estás aburrido y no te gusta la siesta, te metés ahí con el aire acondicionado y estás en las Vegas. Cerca y también sobre la costanera está el Jardín Zoológico, es chiquito, pero es gratis y tiene los animales de la región, así que está bueno para irse con una idea global de donde uno estuvo y a los chicos siempre les encanta.



A la tardecita todo renace, es la segunda mañana, abren de nuevo los locales de la peatonal Junín, y no podés pasar por ahí sin probar los chipacitos de Panambí o de San José, se me hace agua la boca de solo recordarlos. Martha de Bianchetti tiene un confitería en la esquina de 9 de Julio y Mendoza que merece mi admiración, siempre salgo contenta.
En cualquier ciudad de Corrientes a la que vayas, vas a ver el mejor atardecer de tu vida, así que haceme caso, comprate algo para el té, llená el termo y andá a esperar ese momento a la Costanera.
El correntino es bien salidor, así que los bares y restaurants siempre están llenos. Me encanta Cristóbal de la Costanera, es una terraza al Paraná, y como allá los noches siempre son perfectas, nada mejor que pasarlas al aire libre, con música y con quien quieras. El Club de Regatas, los restaurants del Hotel de Turismo y del Casino, son clásicos que siempre tienen final feliz. En el Paseo Franciscano del puerto está Típico, donde podés probar comidas autóctonas, incluidos dorados, pacúes y surubíes, imperdible. Después pedís un helado en Cremolatti que está ahí mismo, y a dormir contento, o a intentarlo por lo menos. En épocas donde el aire acondicionado no existía, mi abuelo se ponía su pijama, se mojaba de pies a cabeza y salía a pasear por el campo a secarse con la noche para acostarse bien fresquito. Hoy es distinto, aunque los cortes de luz en pleno verano, existen!!!
Lamentablemente Corrientes no está en el itinerario turístico de la mayoría de los argentinos, es una pena que no sea tan popular. Realmente la recomiendo, es un lugar distinto, con vegetación distinta, gente alegre, romántico, hay música por todos lados, andares tranquilos, un mega carnaval, el Teatro Vera, el río más grande, y sobre todo ese no sé qué que está en el aire y te invita a volver. Cómo te quiero Corrientes!!! Acá va el video de tu canción, no la versión de Ramona Galarza que es la que más me gusta, pero te rinde honor igualmente bien.

18 de noviembre de 2009

Dulce homenaje


Desde que no tenía memoria disfruto de todo lo dulce que se me acerque. No es algo extraño viviendo en el país con más variedad de golosinas que existe en el mundo. Por qué será que los argentinos amamos los kioscos y nunca nos hemos cansado de ellos? Hay calles que tienen más de uno en su haber, y aún así, no se funden. Es todo una incógnita para mí, no entiendo de dónde viene esa voracidad argentina por el azúcar. Será porque tenemos el dulce de leche, y otros países no cuentan con ese beneficio? El manjar, como lo llaman nuestros amigos trasandinos, está en todos lados, en el flan, en el helado, en los alfajores, en las medialunas, en los caramelos, en la Vauquita y solito en unos tachos de plástico que claramente no están a la altura del contenido. Hay sobreabundancia de dulce de leche en Argentina, y no nos aburre, de hecho, queremos más.
Cuando era chica, mi pediatra decidió que yo era alérgica al chocolate, así que me suspendieron el cacao por casi 10 años. Cuando logré liberarme del maldito pronóstico, descubrí que me había curado... o que nunca había padecido alergia. En esos años el dulce de leche fue mi aliado, mi saciador de gula. Tanto me acostumbré a él, que aún hoy, el helado no es helado, si no lo pido con dulce de leche. Es extraño, porque aprendí que puedo vivir sin chocolate, pero no sin dulce de leche. Y si me preguntan cuál es mi golosina preferida, coincido con el 42% de los argentinos que votaron en nuestra encuesta del mes pasado: la Rhodesia se lleva todos los premios. Es perfecta. La cantidad justa. El azúcar justo. El gusto justo. Y no tiene dulce de leche.
Buscando publicidades para honrar a mi preferida, encontré solo una de 1988 que no recordaba. Espero les guste y les de las mismas ganas que a mí... sabiendo que iba a escribir sobre ella, me anticipé y compré el paquetito que viene con 4, por si una no alcanza!!!


11 de noviembre de 2009

Eiffel, edición argentina


Me acabo de enterar por esta misma computadora desde donde estoy escribiendo que Eiffel, el creador de su torre homónima en la increíble París, tuvo en nuestra época de esplendor unos pedidos más terrenales desde estos pagos: casas en caja. El gran ingeniero las diseñó en chapas de acero y vigas de hierro, y acá solo tuvieron que levantar paredes para los baños y cocina. Parece que al país entraron 3 casas alrededor del año 1930, una a Mendoza, que después se fue para el vecino Chile y dos a la provincia de Córdoba (Capital y Villa María). La de Córdoba Capital es la que está en la foto de abajo, fue encargada por la familia Perez Cornejo y puesta en venta en 2007. No hay información que confirme si se vendió o no, pero si que está protegida por las ordenanzas municipales y que corresponde su preservación, o sea, no la pueden demoler y hacer una torre con SUM ni pileta. La casa está en la calle San Jerónimo 3346 del Barrio San Vicente, muero por ir a verla!!! Es conocida como el "Chalé de Eiffel" y obviamente como "la casa de lata" para los menos informados. La Vuelta al Mundo del Jardín Zoológico, en el Parque Sarmiento de la misma ciudad, también tenía la firma de Eiffel y fue comprada por el Gobieno de Tucumán en 1910 para los festejos del Centenario de la Independencia y terminó en Córdoba, donde la dejaron de usar en la década del 70 porque empezó a retorcerse.
La otra casa que está en Córdoba, fue a Villa María. Es una típica construcción ferroviaria, pero no hay demasiada información de ella, ni siquiera pude encontrar la dirección, así que tendré que ir hasta allá y encontrarla yo misma.
Cuánto ojo hay que tener en las calles, no solo para que no te roben, sino para encontrar estas pequeñas sorpresas que hay por todos lados. Por eso me encanta ir al centro los fines de semana, ves cosas que durante la semana parecen transparentes, no podés creer que siempre estuvieron ahí. Solo hay que levantar la vista un poco y al ver, verás...


4 de noviembre de 2009

Aroma a pinos


Las calles con nombres que abarcan toda la fauna marina reciben año tras año a miles de chicos que se toman sus primeras vacaciones sin órdenes familiares. Y también recibe a familias ya formadas, donde los padres encuentran en la playa su mejor aliado para descansar.
Hace años que pasamos unos días de enero en esta ciudad llena de árboles y calles arenosas, lejos del ruido del centro y cerca del mar. El día no empieza hasta que cada uno haya probado y calificado las medialunas de La Jirafa (siempre se llevan un 10) Luego, playa y sandwichs, las Stellas llenan nuestras heladeras y la música y baile de Carlinho en Mama Concert´s acompaña las tardes calurosas. Invadimos el spa una vez por día, sauna, ducha escocesa, finlandesa y jacuzzi son nuestra agobiante rutina.



Cuando el sol se quiere ir, solo lo despedimos y salimos corriendo al Freddo de Ilíada y Olimpo rodeados de verde o a Tante en el centro, donde siempre pido un plato lleno de cosas dulces que ansío todo el año. La noche es más linda en casa, bajo los árboles y una buena parrilla, pero siempre nos tentamos con algunas rabas o paellas del Viejo Lobo, Il Garda o La Gamba, es inevitable. El ambiente es de fiesta, todos los vecinos están en la misma, la única preocupación es cómo prender el fuego. Cuando el sol y la playa no nos dejan de cama, el casino del Hotel del Bosque o el Cine Bahía son nuestras salidas veraniegas. La lluvia a veces aparece, como en todos lados, y es gracioso ver cómo los grandes salimos corriendo y los chicos se adueñan de la playa, pero quedarse y ver cómo los colores del mar se van transformando, es un regalo para la vista.
De chica nunca íbamos de vacaciones al mismo lugar, esta costumbre empezó de grande, y la verdad... me encanta reencontrarme una vez por año con esos sabores, olores y calles pinamarenses. Cada vez falta menos, y ya se me hace agua la boca de pensar en esas paellas!!!