29 de septiembre de 2009

Areco


Hace unos días nació Clarita en Santa Rosa, y además de alegría, me trajo muchos recuerdos de los tiempos pasados con su mamá Laura y su tía Luz. En nuestros años mozos, todos los fines de semana nos íbamos juntas a su pueblo, San Antonio de Areco. 120 km. nos separan de la paz más gauchita. La primera vez que fui fue porque papá nos subió al auto y encaró la ruta 8. Esa vez, debo admitir, no volvimos muy convencidos, es que era domingo después del mediodía y se nos pasó el detalle de la siesta. Un tiempo después redescubrí Areco con Luz, qué placer!!! Nos quedábamos verdes de tanto mate, si nos aburríamos, agarrábamos la bici y después de andar un buen rato por las calles adoquinadas, nos íbamos bordeando el río Areco hasta el Club de Pescadores. Otro recorrido era cruzar el río a través del puente viejo y pasar por la pulpería La Blanqueada y el Museo de Güiraldes. Las tardes veraniegas eran imposibles sin la pileta y la sombra del sauce del jardín de la Flaca, madre de Luz, que lo tenía impecable. En esos tiempos yo todavía comía carne y recuerdo con una sonrisa el "Almacén de Ramos Generales", en Zapiola 143. Allí nos llevó Luis una de las tantas veces que le caí invitada por su hija a la casa. Me fui con la sensación de haber estado bien adentro de la Argentina, con nuestros verdaderos sabores, sin aires de grandeza, es lo que hay, es lo nuestro.
Hace unos días vi un especial en Travel & Living de unos estadounidenses que venían a conocer nuestras pampas, y la visita obligada parece ser la Estancia La Bamba. Se fueron chochos con el show ultra local, convencidos que por acá somos todos gauchos de facón, ojalá!!! La vida sería mucho más simple y linda si viviéramos todos como en Areco.
Las idas al pueblo se terminaron el día que Luz se casó en la Parroquia San Antonio de Padua, la única que conozco con cielorraso bien liso. Areco estaba revolucionado, lo copamos desde todos los puntos cardinales. Volví, pero no a sus calles, Luis y la Flaca se mudaron al campo y los visito una vez por año junto con Luz y los hijos de ambas en el verdadero San Antonio de Areco.

22 de septiembre de 2009

Como en casa


Tengo unos tíos que viven en Haití, un primo que vive en Río Grande, otro en Santiago de Chile y otro más en Corrientes, y coincidieron todos en Buenos Aires por el nacimiento de un nuevo integrante de la familia, Tomás. A dónde llevarlos y que no se sientan encerrados ni en un lugar como cualquier otro??? Hace varios años que ya somos fans de Como en Casa. Voy con amigos, con mi novio, con el crío, y allí encaramos esta primera vez con mi familia.
Como en Casa es mi jardín y el lugar donde sé que la torta que elija no me va a desilucionar, me enojo bastante cuando eso sucede. Puede decirse que obligo a mi compañía de turno a pedir un "Todo o nada" un té para dos que trae todo, y todo rico. Por obvias razones, en época invernal no está abierto el patio, por eso lo recomiendo especialmente en estos tiempos primaverales y en verano. Ahí te olvidás de todo, los ruidos de la ciudad son cosa del pasado y se convierte en dulce el presente. Feliz primavera para todos!!!

Como en Casa: Riobamba 1239, Buenos Aires. Tel: 011.4816.5507

15 de septiembre de 2009

La tierra del buen sol


Conocí San Rafael hace muchos años. Internet todavía estaba lejos y para andar lugares nuevos tenías que ir a las Casas Provinciales y depender del buen humor de quien te atendiera. Mamá tuvo suerte y una mendocina se lo recomendó. Me acuerdo que fuimos en auto y cuando tomamos la ruta prov. 173 ninguno hablaba. Es que el paisaje no era nada alentador, una montaña a lo lejos y vides a los costados, nada más. De repente empezamos a meternos dentro del valle y fue lo más parecido que conocí a un oasis. Apareció el verde y el Cañón del Atuel. En ese entonces había solo un par de cabañas y el Hotel Valle Grande, a donde fuimos. Me quedó tan grabado el ruido del río a la noche, la paz de la Cordillera y la sombra de los sauces que volví varios años después en carpa y con novio.
La sobredosis de naturaleza me fascina, así que elegimos un camping muy bueno y pusimos la carpa pegadita al Atuel. Hicimos rafting y caminatas, dedo hasta el Nihuil, pero el premio mayor se lo llevó el día completo que le dedicamos al lago del Embalse Valle Grande en canoa, impresionante. Las alquilás en un lugar que está cruzando el dique, por todo el día. El rafting te da mucha adrenalina, y la canoa te trae a la paz más pura. Lo ideal es llevar comida y almorzar en una islita que hay en el medio del lago y tomar el té en alguna de las playas, nosotros nos alejamos tanto que en un momento no se vio civilización alguna. No hay que tener un gran estado físico, las canoas son para dos personas, así que el esfuerzo es compartido y lo vale. No se gasten en llevar agua, el lago la tiene más limpia que cualquier botella que compren, doy fe, no pasa nada si la toman.
El progreso hizo que ahora abunden campings y cabañas, se masificó el valle, pero lo bueno sigue siendo mayoría, la gente del cañón tiene una energía especial, son simples y la naturaleza les brota por todos lados. Gracias a esa mendocina anónima que cumplió con creces su trabajo!!! No solo logró que fuéramos, sino que volviéramos, que es lo más difícil con los pocos días que uno tiene solo para descansar y ser feliz.

8 de septiembre de 2009

Me fui a pescar...


Conocí Chascomús hace poco. Siempre pasaba por la ruta 2 y miraba de reojo, sabía que me iba a gustar, pero recién entré cuando tuve auto propio, y me fascinó. Hay pueblos con onda, y éste es uno de ellos. El hecho de tener una laguna, que no imaginaba tan grande, ayuda muchísimo. Todo Chascomús está a su orilla tomando mate y comiendo las medialunas de Atalaya los fines de semana, que inteligentemente instaló una sucursal en el paseo de la costanera. Y enfrente estamos todos los turistas que nos animamos y agarramos la carpa. No pescaba desde que era chica, pero aproveché y agarré de nuevo la caña como antaño, y entendí por qué hay tanto fanático de la pesca. Te concentrás, no hablás, escuchás los pajaritos y de repente un ser vivo te enfrenta y te gana, porque así como sale del agua, vuelve a entrar, por lo menos conmigo. Dicen las abuelas que el agua te da hambre y en busca de algún restaurant encontramos lo que después me enteré, fue el castillo del Reino de la Amistad. Una de esas locuras de gente linda, que por la década del 40 se autoproclamó reino, con rey y corte completita. Está en reuinas frente a la laguna, un lugar increíble para los chicos y tremendamente peligroso para los grandes. Me encantó el Club de Pesca y Náutica en Av. Lastra y Costanera para almorzar, pegadito al agua, con porciones gigantes y atención más que amable, como si los años nunca hubieran pasado. Cuánta paz y tan cerquita, prometo volver apenas tenga auto nuevamente.

1 de septiembre de 2009

Salta, linda y chalchalera


Hace una semana TN pasó nuevamente uno de los recitales más argentinos que haya existido. Los Chalchaleros se despedían en Salta en el 2001 después de 50 años de criollo cantar. Cada vez que los escucho me da orgullo ser argentina, me agarra esa cosita que nos da a todos en los Mundiales, con la diferencia que ellos jamás me desilucionan. Automáticamente me transportan a su Salta natal, y mis recuerdos empiezan a traer olores, rincones, sabores y paisajes increíbles a mi mente.
En Salta viví comiendo empanadas, tamales y humitas en chala, acá no hay iguales, así que hay que aprovechar. Son buenos en todos lados. Todo en Salta es lindo, desde subir al Cerro San Bernardo en funicular a mirar la ciudad, hasta una vueltita por San Lorenzo y el más que clásico viaje a la nubes en tren. Las noches en la calle Balcarce yendo de boliche en boliche buscando la mejor peña, y un paseo por una de las más lindas iglesias que tiene este país, San Francisco. El marco de la cordillera hace que Salta sea la foto perfecta.
A San Lorenzo hay que dedicarle un día entero, nosotros empezamos almorzando en "Lo de Andrés" que está en Juan C. Dávalos esquina Gorriti, me encantó porque está lleno de salteños, bien local la cosa. Nos atendieron 1000 puntos y la verdad es que no correspondía seguir comiendo, pero si suben un poquito más por Dávalos se encuentran con el Hotel del Castillo y es imposible no tentarse y entrar a tomar el té. El lugar es un sueño.
El Tren a las Nubes no me mostró los mejores paisajes de Salta, tan arriba la cosa se pone árida y polvorienta. Lo que si ves es esa Argentina tan ajena, tan desconectada, tan lejana, tan desprotegida. Los chicos coyas venden todo tipo de tejidos a los viajeros, y los turistas compran como si fuera el último día. Hay unas 4X4 que hacen el mismo recorrido que el tren, pero a la vuelta llegan más rápido. La verdad, si lo tuviera que volver a hacer, me subo a la camioneta. Es increíble lo que la altura produce en los humanos, gracias a las hojas de coca a mi en el momento no me pasó nada, pero 2 horas después de bajar, estaba blanca como una novia y destruída como un borracho, a buen entendedor... Y ni que hablar de mi máquina de fotos, murió arriba y resucitó abajo.
Hay tanto para hablar de Salta que acá no entra, los mejores paisajes se los cuento otro día, mientras tanto les dejo mi mini tributo a los que me invitaron a conocerla con su canto, gracias Chalcha!!!